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¿La productividad es parte de la felicidad?

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¿La productividad es parte de la felicidad?

Sentados en nuestro escritorio, en tiempos mundialmente complejos en que a la par, posiblemente, está llevándose a cabo alguna actividad cotidiana del hogar, mientras nuestro cerebro es víctima de intersecciones múltiples tanto mentales como emocionales, es difícil determinar si dentro de todo ese contexto somos efectivamente felices. Más bien estamos preocupados de cumplir en todo y con todos, en resumen, de producir. Pero la productividad no necesariamente se contrapone con la felicidad. Comúnmente vemos ambos términos como antagónicos, sin embargo, el tiempo de cuarentena nos permite descubrir a través de pequeñas cosas, que ambos términos pueden transformarse en los mejores amigos.

La psicología tradicional se limitaba a identificar los problemas para luego ayudar a reducirlos. Hoy, la búsqueda se amplía a buscar razones para que la vida merezca ser vivida. ¿Por qué no entonces aprovechar esta ocasión tan atípica y rescatar en forma y fondo ideas que hasta siendo domésticas nos signifiquen un buen aporte? Revisemos algunos puntos que tal vez, en la vorágine de los días que pasan, nos cuesta identificar y que al vislumbrarlos pueden ser de mucha ayuda:

 
  • Antes que todo desechemos la idea o mito de que el término de productividad es solo algo mecánico. Solo basta observar la frustración que podemos sentir al no producir lo suficiente o no dar “en el ancho” de nuestros roles, para concluir que al ser productivos sentimos más relajo y satisfacción.
  • Prestemos atención a nuestras debilidades y reconozcámoslas sin miedo; estamos más cerca que nunca de nosotros mismos, por lo tanto, la evasión, es una herramienta que solo retarda y acumula des sincronía en nuestra programación mental al no asumir la realidad actual “con todo incluido”.
  • Asumamos que producir es producto de un beneficio, somos útiles y tenemos una o más cosas que hacer, la mirada que le demos es vital para la postura ante nuestras acciones.
  • Tomemos como una herramienta más el estar lejos de otros para ver a quienes tenemos cerca. El vaso medio lleno crece a pasos agigantados cuando no perdemos la oportunidad (aunque sea dentro de un contexto un poco caótico) de ver crecer a nuestros hijos, de reírnos cuando nuestra mascota está escuchando nuestra videoconferencia o simplemente, si estamos solos en casa, del maravilloso tiempo que estamos aprovechando junto a nosotros mismos.
  • Anotemos nuestros logros por pequeños que sean. Felicitémonos. Así como tenemos consciencia cuando estamos atrasados en alguna tarea, tengámosla también cuando vamos cumpliendo nuestros pequeños objetivos.

En sí, saborear la vida es la invitación. Las situaciones no dejan de ser situaciones al ser extremas, y por tanto no se exentan de aprendizaje. Un ser feliz no es quien solo soluciona los problemas, sino quien los vive; y producir, en el aspecto que sea, forma parte del conjunto de factores que convierte a la vida en vida.

Veremos, poco a poco que, al entender esta totalidad, podremos vivir de manera más plena, no solo cuando logramos realizar nuestra producción de tareas, sino que, al ir asumiendo también, de manera sana y positiva, cuando no la logramos.

Invitémonos a generar herramientas nuevas, por básicas que nos parezcan, que nos ayuden a navegar los mares tanto en tiempos turbulentos como en tiempos de mayor tranquilidad. En momentos donde la empatía es vital, también es imprescindible generar, ante todo, la empatía hacia nosotros mismos. En la medida que desarrollemos esa empatía, crearemos una atmósfera sin juicio, y la aceptación resultante nos llevará casi de manera instantánea a desbloquearnos, facilitando que seamos seres más felices, y como parte de ello, más productivos.

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